La voz de Dios siempre te ha hablado. Continúa hablándote, siempre de un modo nuevo, siempre adaptada exactamente a lo que más necesitas en cada momento particular de tu vida. Es la voz que pasaste por alto y mantuviste fuera de foco de modo que quedaste en la ilusión de que sólo había silencio. Cuando digo "tú" me refiero, por supuesto, a la humanidad como un todo. Es imposible enfocarse nuevamente en esta hermosa voz salteándose la confrontación con el yo inferior que también te habla siempre. Tu ego tiene que aprender a distinguir entre ellos. Conferencia 220 Redespertando de la anestecia pre-encarnatoria
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